Ornamentos liturgicos

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Ornamentos liturgicos

Mensaje por -[Fr4nc0]- el Miér Jun 18, 2008 4:19 pm

Los vestidos, además de su función protectora y estética, pueden tener una intención simbólica: no es indiferente el vestido de una novia, o el de las autoridades, o el de uno que está en una fiesta o de luto, o el hábito de una u otra familia religiosa. En la Biblia, el vestido blanco es, por ejemplo, el vestido del anciano que ve Daniel, el de los ángeles en las apariciones pascuales o el de los vencedores del Apocalipsis.

También en la celebración litúrgica juega la vestidura un papel no indiferente. A veces son los fieles los que se revisten de un modo especial: es claro el simbolismo del vestido blanco que se impone al recién bautizado, y que es los primeros siglos conservaban desde la Vigilia Pascual hasta el domingo siguiente. La “toma de hábito” de los religiosos (o por el contrario “colgar los hábitos”), expresa con el cambio de vestidos la nueva situación de la persona, como se hace en la vida social con la “investidura” en un cargo determinado, por ejemplo, de juez o de catedrático. Sigue siendo verdad que “el hábito no hace al monje”, pero tampoco es indiferente cómo va vestida una persona. Basta ver la viva discusión sobre el vestido en las primeras comuniones.

Pero sobre todo son el presidente y los otros ministros de la celebración los que se revisten de modo simbólico para su ministerio. Ya en la liturgia de los judíos se concedía importancia –a veces excesiva– a estos vestidos, como signo de carácter sagrado de la acción, de la gloria de Dios y de la dignidad de los ministros.

En los primeros siglos no parece que los ministros cristianos significaran tal condición con vestidos diferentes, ni dentro ni fuera del culto. En todo caso, lo hacían con vestidos normales de fiesta, con las túnicas romanas largas. Cuando éstas dejaron de utilizarse en el uso civil, fue general la costumbre de conservarlas en el culto, y de ahí se originó la diferenciación, que por otra parte parecía lógica y resultó bastante espontánea para subrayar la pedagogía de la acción sagrada. Eso sí, se llegó a una exagerada “sacralización”, y también al uso que hasta nosotros ha permanecido de llamarles “ornamentos” sagrados.

Ahora la vestidura litúrgica básica para los ministros es el alba, la túnica blanca, con forma lo más estética posible y a medida de la persona. Sobre ella los ministros ordenados se ponen la estola, y el que preside la Eucaristía, además la casulla. Otros vestidos son la dalmática, que caracteriza al diácono, y la tunicela, que utilizaban los subdiáconos. El roquete se usa sobre la sotana en algunas celebraciones. El velo humeral, la capa pluvial y algunos distintivos pontificales como el palio, son otros de los vestidos que se usan en la liturgia.

El que los ministros se revistan de un modo diferenciado en la celebración no tiene una finalidad en si misma, como si estos vestidos fueran algo sagrado. Tienen una función pedagógica:

• Distinguen las diversas categorías de ministros, identificándolos según el ministerio que realizan para con la comunidad.
• Contribuyen al decoro y a la estética festiva de la celebración, según la gradualidad de las solemnidades y el color de los tiempos litúrgicos.
• Y ayudan a entender el misterio que celebramos: no se trata de una acción profana, sino sagrada, y los ministros no son sólo amigos o líderes, sino ministros de la Iglesia y representantes de Cristo. A los primeros a los que hace bien ir revestidos litúrgicamente es a los mismos ministros, porque les recuerda su condición de ministros y servidores, en nombre de la Iglesia y de Cristo.

ALBA


By Diogasos

Del latín “alba”, “blanca”. Es el vestido que se considera básico para todos los ministros en la celebración litúrgica, desde los acólitos hasta el presidente.

Deriva de las túnicas antiguas, blancas, hasta los pies, que se perdieron en el uso civil, pero que se consideró que podían utilizarse simbólicamente en el culto, expresando con el vestido diferente de los ministros la diferencia entre la vida la vida profana y la celebración. En todas las culturas religiosas, para el ejercicio del culto se quiere simbolizar la pureza de los ministros, y en muchas de ellas precisamente con el color blanco. El blanco es signo también de victoria y de resurrección.

El alba se utiliza con cíngulo a la cintura, a no ser que ya quede por sí bien adherido al cuerpo, y con el amito que cubre el cuello, a no ser que ya tenga el alba por su forma.

Esta vestidura blanca también tiene un sentido bautismal. El domingo de Pascua, o sea, en la octava de la Resurrección, se solía deponer el “alba”, el vestido blanco que habían recibido los neófitos en su bautismo en la Vigilia Pascual, como símbolo de su resurrección en Cristo. Por eso este domingo se llamó “dominica post albas”, y más tarde “dominica in albis”, se entiende “in albis depositis”, depuestos ya los vestidos blancos, mientras que el sábado anterior era sábado “in albis deponendis”, los vestidos “por deponer”.



AMITO

Del latín “amictus”, de “amicio, amicire”, rodear, envolver. Se llama así a la pieza de lienzo blanco, rectangular, a modo de pañuelo de hombros, que visten los ministros de la liturgia debajo del alba. Se ata a la cintura con unas tiras o cintas cruzadas.

A veces tiene forma de capucha, adornada o no con cruces u otros diseños, que luego sobresale por encima de los otros vestidos (alba y casulla).

Puede tener la finalidad práctica de preservar del sudor al alba. Pero sobretodo se le aprecia el valor estético: cubrir más elegantemente el cuello. Sin embargo, se puede prescindir del amito si ya el alba cuida de esta estética por forma.



BACULO


By Diogasos

“Báculo” viene del latín “baculum, baculus”, en diminutivo “bacilus”, que significa bastón, cayado.

En sentido figurado y simbólico pasó a indicar “apoyo”, por su función de ayuda para camina, y sobretodo “autoridad”, por el paralelo con la vara o bastón con que el pastor guía y gobierna a su rebaño. En el Salmo 22, 4 se alude a esta ayuda de Dios: “tu vara y tu cayado me sostengan”. En Gn. 49, 10 se anuncia que “no se irá de Judá el báculo, el bastón de mando” (también Jr. 48, 17).

En muchas culturas el báculo significa desde antiguo la autoridad del gobernante en sus diversas modalidades: desde el cetro del rey hasta la vara de mariscal o el bastón del alcalde. En el ámbito eclesiástico el báculo pasó a ser la insignia simbólica del obispo como pastor de la comunidad cristiana. En la liturgia hispánica, ya en el siglo VII. En Roma, más tarde, tal vez en el IX.

El obispo recibe el báculo el día de su ordenación, como uno de los signos explicativos de su ministerio: “por la entrega del báculo pastoral, se pone de manifiesto su función de regir la iglesia que le ha sido encomendada” (Ritual 26). Cuando lo recibe escucha estas palabras: “recibe el báculo, signo de pastor, y cuida de toda tu grey, porque el Espíritu Santo te ha constituido obispo para que apacientes la Iglesia de Dios”. El obispo porta el báculo en la mano, cuando preside una celebración solemne de su comunidad, en la procesión de entrada, durante la proclamación del evangelio y para la bendición final.

También el abad recibe y utiliza este mismo signo como símbolo de su función pastoral.

CAPA PLUVIAL

La capa (del latín tardío “cappa”, de “capere”, coger, contener) es una ropa larga sin mangas, a modo de manteo o manto, circular, abierto, que se emplea sobre todo fuera de casa.

Los obispos pueden vestir la “capa magna” en las solemnidades en su diócesis. Pero la capa más empleada en liturgia es la capa pluvial (de lluvia), que diversos ministros (presbíteros, clérigos, monjes) visten, con capucha o sin ella, con un broche en la parte delantera. Lo hacen sobre todo en las procesiones, dentro o fuera de la iglesia, y en otras celebraciones como el Oficio Divino, la bendición con el Santísimo o la bendición de las campanas.



CASULLA


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En latín casulla significa casa pequeña o tienda. Se dice de la vestidura que el sacerdote se reviste por encima del alba y la estola, a modo de capa o manto amplio, abierta por ambos lados y con un hueco para la cabeza.

En la historia ha tenido formas nobles y amplias, derivadas del manto romano llamado pénula. La casulla es la vestidura que caracteriza al que preside la Eucaristía. Uno de los gestos complementarios de la ordenación del presbítero, es la investidura de la casulla.


CINGULO


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La palabra latina “cingulum” viene de “cingere”, ceñir. El cíngulo o ceñidor es un complemento necesario para ciertos vestidos amplios como la túnica o el alba, para ceñirlos mejor a la cintura y facilitar el movimiento.

A veces tiene forma de cordón y otras de cinta más o menos anchas. Los orientales usan la “zona”, más adornada y colorista. Actualmente los ministros que usan alba se ponen el cíngulo, a no ser que ya de otro modo, por la forma misma del alba, se provea a su estética y funcionalidad.

CONOPEO

Del griego “konopeion”, que viene a ser como un velo o mosquitera. Es el velo que a modo de tienda cubría el sagrario donde se reserva la Eucaristía. Se solía utilizar una tela de los colores litúrgicos propios del tiempo o la fiesta. También, en menor tamaño, se utilizaba para el copón o píxide, igualmente a modo de manto o tienda. Ahora el conopeo es facultativo.

CORPORALES

El corporal es un lienzo cuadrado que se sitúa a partir del ofertorio en el altar, para depositar el pan y el vino de la Eucaristía.

El nombre viene del Cuerpo del Señor, que va a reposar sobre este lienzo en la Eucaristía; así como en la adoración al Santísimo, si se hace sobre el altar. También se puede colocar sobre una mesita cuando se lleva la Comunión a los enfermos.


DALMÁTICA

En Roma, ya en los siglos II – III, se llamó dalmática a una túnica blanca exterior, con mangas anchas y adornadas de varias maneras, por ejemplo con dos franjas verticales púrpuras. Provenía de Dalmática y se convirtió en un vestido propio de senadores y otras personas distinguidas.

Muy pronto pasó al uso cristiano: en las catacumbas se ven figuras de “orates” con dalmática. A partir del siglo IV se hizo característica de los obispos y más tarde también de los diáconos, y así aparecen representados en algunos mosaicos.

En la ordenación de diáconos un gesto complementario del sacramento es la imposición de la dalmática. Los diáconos la visten sobre el alba y la estola cuando ejercen su ministerio, sobre todo en las celebraciones más festivas. También los obispos pueden seguir con la costumbre de vestir la dalmática debajo de la casulla.


ESTOLA


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La estola es una tira de tela, más o menos entre quince y veinticinco centímetros de anchura, blanca o de colores, que pende del cuello. En el uso latino antiguo se empleaba a veces para designar vestidos significativos o simbólicos: así se habla de que los bautizados van vestidos de estolas blancas (“stolis albis candidi”), o que los mártires van vestidos de la estola de la gloria inmortal.

La estola es común en todos los ministros ordenados. Con la diferencia de que los sacerdotes se la cuelgan en torno a los dos hombros, sobre el alba y bajo la casulla, cayendo sus extremos en paralelo, y los diáconos se la visten cruzada, “a la bandolera”, desde el hombro izquierdo hacia la derecha.

Es, por tanto, un distintivo de los ministros y a la vez un adorno que resalta la función sagrada que realizan. Se ponen la estola también para distribuir la comunión o para sentarse en la sede penitencial. En la ordenación del diácono uno de los gestos complementarios es la imposición de la estola.

MANUTERGIO

Es un lienzo blanco de forma rectangular con el que el sacerdote se limpia los dedos en señal de purificación después de haber presentado el pan y el vino en el ofertorio.

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Re: Ornamentos liturgicos

Mensaje por -[Fr4nc0]- el Miér Jun 18, 2008 4:20 pm

MANTEL



Se llama mantel en la liturgia, como en el uso de la mesa familiar, al lienzo que cubre el altar, en señal de respeto a la mesa en la que Cristo nos invita a comulgar: “por reverencia a la celebración del memorial del Señor y al banquete en que se distribuye el Cuerpo y Sangre del Señor, póngase sobre el altar por lo menos un mantel, que, en forma, medida y ornamentación, cuadre bien con la estructura del mismo altar”, lo cual vale también cuando se celebra en otro lugar en que no haya exactamente un altar, sino una mesa.

Suele ser blanco, pero admite adornos o franjas de otro color. Antes se utilizaban tres, pero ahora basta con uno.

El ambón, al igual que el altar, usa un mantel.



MITRA


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En griego, “mitra” puede significar una toca o gorro para la cabeza, a modo de tiara, cinturón o diadema. En el Antiguo Testamento aparece varias veces hablando de los sacerdotes (Ex 29, 9; 39, 28-31): algunas biblias lo traducen como “turbante” o bien por “birreta”.

Parece que era de origen persa, y luego de uso romano, el que algunas personas distinguidas, como signo de honor y nobleza, se pusieran este gorro. Pasó con naturalidad al uso eclesiástico, primero reservado al papa y luego (a partir del siglo X-XI) concedido a los obispos y abades. Al principio parece que fue en forma de copa, de poca altura (unos 20 centímetros) y luego puntiagudo, con las puntas hacia arriba, de mayor altura (hasta 50 centímetros) y dos cintas o tiras de tela que cuelgan por detrás, que reciben el nombre de Ínfulas.

Actualmente la mitra es característica de los obispos y de los abades mitrados. El ritual de la ordenación episcopal no acompaña la imposición de la mitra con ninguna fórmula, pero en la introducción (n. 26) interpreta su simbolismo como el “esfuerzo por alcanzar la santidad”.

Los obispos suelen tener una mitra más sencilla, y otra más adornada llamada “preciosa”, según la gradación de la fiesta.

El obispo o el abad se ponen la mitra en los momentos más significativos de las celebraciones que presiden, como la entrada y la salida, la homilía y la bendición final, mientras que no lo hacen, por ejemplo, delante del Santísimo expuesto.

PALIA

Cubierta del cáliz de forma cuadrangular, que, según las rúbricas, debe ser de tela y bendecidse. Consta de una sola pieza en forma planchada, o bien de dos piezas de telas en forma de carpeta, cocidas una con otra y en medio de un cartón, o bien una pieza sencilla de tela con un cartón fijo en sus cuatro esquinas, con hilo de seda blanca o de color, pero nunca negro. En un principio el cáliz se cubría con uno de los lados del corporal; pero, por razones de comodidad, se sustituyó en muchos lugares, hacia la mitad del siglo XII, por un corporal plegado; pero todavía en el siglo XV se practicaba la costumbre antigua, sobre todo en Francia, de cubrir el cáliz con el corporal. La palia tomó su forma de corporal doblado que cubría el cáliz desde la edad media, especialmente en el siglo XVI. La palia según su origen no es otra cosa que el corporal; por eso se debe bendecir y debe ser de la misma tela que el corporal.

PALIO

1. El palio es una insignia que actualmente llevan en torno a su cuello sobre todo los arzobispos en las celebraciones más solemnes. Es una tira de tela blanca, con seis cruces, que cuelga del cuello sobre los hombros, a modo de collar o bufanda, con dos puntas que caen una por delante y otra por detrás. En el imperio romano era un distintivo para los que el emperador quería honrar, y luego pasó a honrar al papa y a los obispos a quien el papa se lo concedía. Hoy se impone a los arzobispos como “signo de la autoridad metropolitana y símbolo de unidad y estimulo de fortaleza”. En oriente hay una insignia análoga, el “omophorion”, más adornado, pero que llevan todos los obispos. Desde hace siglos existe la costumbre de enviar además el palio desde Roma a los patriarcas y metropolitas orientales católicos.

En el Ceremonial de los Obispos se describe el rito de la imposición del palio dentro de la ordenación episcopal, después del anillo y antes de la mitra, y si no, en la misa de recepción del obispo en su diócesis al principio de la celebración.

2. También se llama “palio” al dosel, aguantado por cuatro o más varas, que se acompaña al Santísimo en las procesiones eucarísticas, como es por ejemplo el Jueves Santo en el momento de trasladar solemnemente la Eucaristía al final de la celebración.


PURIFICADOR


By Diogasos

Del latín “purum- facere” que significa purificar.

Se llama purificador al pañito blanco que se utiliza para purificar los dedos, purificar el cáliz, la patena después de la comunión.

También sirve para limpiar la cruz cuando es besada.

SOLIDEO

De las palabras latinas “soli Deo”, “sólo a Dios”, se llama “solideo” al casquete de seda o tela ligera que se ponen algunas personas tapando la coronilla de la cabeza.

Empezó a generalizarse su uso hacia el siglo XIV. Al principio cubría toda la cabeza. Fue en la época barroca cuando se redujo a su actual forma redonda y pequeña. Se distingue ahora por su color: el papa usa solideo blanco. Los cardenales, rojo. Los obispos, morado. Otros prelados y clérigos, negro.

No se utiliza sólo en las celebraciones, sino también fuera. Durante la Eucaristía se quita al empezar el prefacio de la Plegaría Eucarística para volvérselo a poner después de la comunión. Hace honor así a su nombre de “soli Deo”, “sólo ante Dios” se quita. También se retira para la adoración de la Cruz el Viernes Santo.


SOTANA

La palabra viene del latín subtana, o subtanea, de subtus, que significa debajo. Y se llama así a la vestidura talar (hasta los talones de los pies), que sin embargo no se lleva debajo, sino precisamente es lo que se ve. Es normalmente negra, pero en muchos casos es también blanca o roja o de otros colores, se ajusta al cuerpo, y con mangas estrechas.

No ha sido exclusiva de los sacerdotes: también los sacristanes, los coristas o los monaguillos pueden llevarla. En la celebración litúrgica, se tiende a llevar alba, que es el equivalente en blanco.





VELO O PAÑO HUMERAL.


“Humeral” viene del hueso del brazo llamado “humerus”, entre el codo y el hombro.

Es el velo que se pone sobre los hombros el que lleva, por ejemplo, el Santísimo en una procesión. Suele ser un velo de unos dos metros de longitud y más de medio metro de anchura, sujetado por delante con un broche, que cubre los hombros y con cuyas puntas se toma la custodia o el copón, con el clásico gesto de no tocar con las manos algo que se considera muy digno de reverencia como la Eucaristía.

El ritual del culto eucarístico lo prescribe para dar la bendición con el Santísimo: “cuando la exposición se ha hacho con la custodia, el sacerdote y el diácono pónganse además la capa pluvial y el velo humeral de color blanco: pero si la bendición se da con el copón, basta con el velo humeral”.

También se usa cuando la Eucaristía se lleva en procesión, como el Jueves Santo para la reserva, o el Viernes Santo para volverla a traer al altar, o el día del Corpus, o en la dedicación de una iglesia.

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By diogasos at 2009-02-08


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