La Asunción de María

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La Asunción de María

Mensaje por Jefecito el Vie Ago 15, 2008 12:13 am

La ASUNCIÓN de MARIA.


Cada 15 de Agosto los católicos celebramos la solemnidad de la Asunción de María a los cielos. Esta expresión hace referencia a que “la Virgen inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del Cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo” (catecismo 966).
Este proceso es llamado la Asunción. Y se diferencia del vivido por Jesús –la Ascensión-, en que Él, por efecto propio de su divinidad, de su carácter de segunda persona de la Santísima Trinidad, vuelve al Cielo del que un día bajó para hacerse hombre. En cambio María, en virtud de su naturaleza humana, es elevada al cielo en cuerpo y alma, para compartir la gloria de su hijo.
En la escritura no hay referencia alguna al momento y a la forma de su entrada gloriosa en el Reino Celestial y su unión definitiva con Cristo. Ni en los Evangelios ni en los Hechos de los Apóstoles, hay mención concreta al respecto. No obstante la Iglesia tiene una larga tradición sobre este tema de la vida y naturaleza de la madre del Salvador.
Uno de los más ilustres transmisores de esta tradición, es san Juan Damasceno, quien afirma:

[size=15]“Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad, conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno, tuviera después su mansión en el Cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial. Convenía que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor, del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios”[/size=9].

San Germán de Constantinopla, sostenía a su vez que el cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la particular santidad de su cuerpo virginal.
Otras consideraciones de los santos Padres, han apuntalado y fortalecido esta tradición, que se apoya también en la sagrada Escritura, en tanto nos hace ver a la santa Madre de Dios unida íntimamente a su divino Hijo y solidaria siempre de su destino.
Ya desde el siglo segundo, se presenta a la Virgen María como la nueva Eva, asociada al nuevo Adán, su Hijo. Subordinada a Él en la lucha contra el enemigo infernal; lucha que desembocaría en el triunfo absoluto sobre el pecado y la muerte. La participación de María en esta lucha supone, como conclusión necesaria, la glorificación de su cuerpo virginal.
Estás antiguas tradiciones eclesiales, se transformaron en dogma, o verdad de fe, cuando el Papa Pío XII –bajo la inspiración del Espíritu Santo y luego de consultar a los obispos de la Iglesia Católica y escuchar el sentir de los fieles-, anunció solemnemente el 1 de noviembre de 1950, con su suprema autoridad apostólica, el dogma de la Asunción de María, en los siguientes términos:

[size=15]“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey Inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”[/size=9] (documento Munificentissimus Deus).

Este dogma integra con María Madre de Dios; la Virginidad Perpetua de María y la Inmaculada Concepción, los llamados dogmas marianos.
Los fundamentos en que se basa la declaración de Pío XII, son los siguientes:

1. La inmunidad de María contra todo pecado: la descomposición del cuerpo es consecuencia del pecado, y como María careció de todo pecado, estaba en consecuencia libre de la ley universal de la corrupción.
2. Su maternidad divina: Como el cuerpo de Cristo se había formado del cuerpo de María, era natural que el cuerpo de María siguiera la misma suerte del cuerpo de Cristo. No es posible imaginar que Jesús permitiera que el cuerpo que le dio vida llegase a la corrupción.
3. Su Virginidad Perpetua: Como su cuerpo fue preservado en su integridad virginal, siendo un tabernáculo viviente, era lógico que después de la muerte no se corrompiera.
4. Su participación en la obra redentora de Cristo: María, después de consumado el curso de su vida sobre la tierra, recibió el fruto pleno de la redención, que es la glorificación del cuerpo y el alma.

El dogma de la Asunción fue confirmado en el concilio Vaticano II. Con ello, dice Juan Pablo II, “los padres conciliares quisieron reafirmar que María, a diferencia de los demás cristianos que mueren en gracia de Dios, fue llevada a la gloria del Paraíso también con su cuerpo”.
“Al definir el dogma de la Asunción –continúa el Santo Padre-, Pío XII no quiso usar el término ‘resurrección’ y tomar posición con respecto a la cuestión de la muerte de la Virgen como verdad de fe. Se limita a afirmar la elevación del cuerpo de María a la gloria celeste, declarando esa verdad ‘dogma divinamente revelado’.” (audiencia general 02/07/97)

¿Que nos dice la Asunción a los cristianos de hoy?
Este dogma dice que el cuerpo de María, cuerpo de Mujer, es exaltado. Esto es paradójico: justamente el cuerpo femenino en nuestra cultura ha sido durante mucho tiempo el emblema del desprecio. María en cambio, exaltada en su Asunción, revoluciona esta idea: nuestra corporeidad por muy enferma que esté, está llamada a la transfiguración en el diseño de Dios.
También nos dice que en el fondo de la Asunción está el misterio de la Encarnación, que hay que tomar en serio: Si Cristo se ha hecho carne, la dimensión corpórea ya no es la de antes. El resucitado nos ha sumergido ya en la nueva realidad, nos lleva a interpretar el tiempo y el espacio de manera diversa. Lo que en María se ha cumplido ya en plenitud, también nosotros estamos llamados a experimentarlo en forma sacramental en relación con nuestro cuerpo.
La Asunción es para nosotros horizonte, meta, signo de esperanza. María nos muestra la plenitud de la carne: la salvación no es una dimensión desencarnada. Las imágenes de las que se sirve la Escritura nos hacen intuir en forma simbólica que la plenitud no será sólo espiritual.
La Asunción es la victoria de Dios confirmada en María y asegurada para nosotros. Es la señal y promesa de la gloria que nos espera cuando en el fin del mundo nuestros cuerpos resuciten y sean reunidos con nuestras almas.

Jefecito 2004

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