Cuarta Entrega: Senda Primera Epoca - La Comisión

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Cuarta Entrega: Senda Primera Epoca - La Comisión

Mensaje por Jefecito el Lun Sep 29, 2008 8:42 pm

A comienzos de la década de los 90, Msr. Di Stefano encomendó al Movimiento Círculos de Juventud, la tarea de armar la estructura de un nuevo retiro: el Senda, para intentar paliar la problemática adolescente, que el intuía y que poco después afloró como una dramática realidad.
Sin mucha convicción ni entusiasmo, pues estaba abocado al eslabón, el retiro que le da su identidad, el Movimiento tomó la encomienda y designó a un grupo de circulistas para esta tarea. Luego de un par de años de trabajo en que se armó la estructura, y se redactaron las carpetas de los distintos temas, se presentó los mismos al arzobispo, pero éste los regresó al Movimiento con el encargo de organizarlo. Esto no estaba en los cálculos de la conducción, que tenía organizada su estructura en torno al eslabón, que es quien otorga la credencial de miembros (circulistas) a sus integrantes y, de hecho, constituye su esencia. La cuestión se encauzó delegando la responsabilidad en la anterior comisión, que con algún cambio de nombres, comenzó a trabajar en su organización en forma casi autónoma, con lo cual el Movimiento mantuvo su esquema. Sus integrantes fueron: Nelly Torrens, Raúl Benito, Miryam Andujar y el matrimonio de Liliana Torres y Pablo Flores. Estos últimos cuatro, se alejaron luego por causas particulares, agregándose Graciela Benavidez y el matrimonio de Oscar Reverendo y Laura Iranzo. Este grupo continuó la tarea hasta inicios de 1997, en el que hubo nuevos cambios. Se retiro el matrimonio Reverendo, incorporándose los matrimonios Montañéz-Pirán, Téllez-Pérez y quien esto escribe. Luego se agregó también Walter Arguello. El grupo así conformado continuó hasta fines del año 2000, en que se disolvió culminando esta primer etapa.
Una característica importante de la Comisión, fue que nunca tuvo cargos específicos, sino asignación de funciones y tareas, algunas puntuales como redacción de actas y manejo de dinero, y la mayoría según las exigencias del momento, lo que le confirió un gran sentido de comunidad cristiana: todos unidos en torno a un objetivo.
La asesoría espiritual recayó en el padre Angel Bartolomé “Toly” Hernandez, quien en ese carácter asistió a las dos primeras experiencias, en setiembre y noviembre de 1993, y a los Sendas 4 y 6, del año siguiente, acompañado por el padre Raúl “Chicho” De los Ríos, quien a partir de entonces tomó la posta, por estar él destinado en Barreal.
El Senda 1 de mujeres se realizó en Casa de Betania en setiembre de 1993, con la rectoría de Nelly Torrens y vicerectoría de Laura Iranzo y la participación de treinta peregrinas. El Senda 2 de varones, en noviembre de ese año, en el mismo lugar, con Oscar Reverendo y Pablo Flores como responsables y doce peregrinos.
Aquellas primeras experiencias, estaban inducidas por una sociedad: El Movimiento Círculos de Juventud como organizador, por medio de la Comisión y Acción Católica, como captador de los adolescentes, a través de la pastoral de los colegios. Como la sociedad no cuajó del todo, se optó por designar diez colegios de la ciudad en los que se efectuaba la invitación para los sendas de cada año. Bajo ese postulado se trabajó hasta 1997. Luego, ante los resultados a veces exiguos de candidatos, se abrió el espectro y se organizó un grupo de apoyo o subcomisión, liderado por Alicia “Lichi” Galvani y Marcela Conti e integrado por algunos peregrinos y peregrinas. Ellos eran los encargados de invitar a los posibles candidatos; de efectuar las inscripciones y de la recepción y cobranza el día de ingreso del retiro. Se intentaba así dar alguna contención a quienes lo hacían y facilitar la captación de voluntades para los futuros retiros. Este fue el antecedente histórico de la actual CIMA Senda.
A partir de entonces, con inquietudes y esperanzas, el Senda comenzó su marcha ininterrumpida hasta el presente, y la concreción de los objetivos trazados desde su concepción: ser fermento en los colegios e integrar los distintos movimientos de la diócesis. Así fue delineando lentamente su personalidad, su estilo.
Un retiro de dos días, para adolescentes de colegios no confesionales, con una estructura apretada de temas y actividades, adaptadas a las edades de los chicos, bien diferenciado del eslabón, aunque tuviera similitudes en su esquema. Con atributos propios, para no restarle a aquél sorpresa y espontaneidad, para quienes lo hicieran con posterioridad, y porque su objetivo era otro.
Entre sus atributos, el hecho de ser semiabierto fue una marca distintiva. Semiabierto por permitir la inclusión en sus equipos de miembros de distintos movimientos y carismas religiosos. Por el han pasado entre otros, circulistas, cursillistas, miembros de acción católica, bosconianos. mallinistas, Opus Dei, Legionarias de María, religiosas, encuentristas seminaristas, laicos comprometidos, peregrinas y peregrinos. Semiabierto, porque los integrantes de las cocinas tienen participación activa y directa, a través del servicio, en la estructura del retiro y un fuerte impacto en quienes lo hacen, por su entrega y dedicación, como referencia práctica de la teoría recibida. Semiabierto, por facilitar la participación de familiares y amigos integrándolos en la instancia culminante –misa final- como en otros momentos de su estructura, y en la contención posterior.
Otro atributo, que comenzó a forjarse desde sus mismos comienzos fue el de ser un retiro itinerante, nunca circunscripto a un lugar específico. Ya el Senda 3 y el 5, salieron de la jurisdicción de la ciudad, para efectuarse en Caucete. El Senda 9 y el 13 se realizaron un poco más lejos, en Rodeo, Iglesia. El Senda 10, de varones, en el RIM 22. Aunque Casa de Betania fue la sede en los primeros tiempos, estaba visto, por la imposibilidad de conseguir fechas y por los costos, que no iba a tener continuidad. En 1997 surgió como alternativa el Camping del Colegio Don Bosco, cuando ya Betania se tornaba inviable y se corría el riesgo de perder continuidad. Con sus peculiaridades y limitaciones, el camping vino a abrir una puerta en un momento crucial y le dio aire hasta casi el final de la etapa de la Comisión, con retornos esporádicos más tarde. Sobre está misma instancia surgió una nueva estación: la Escuela Hogar José M. Estrada, que también ha cubierto una etapa importante de la historia del Senda. Después de Betania, con 20 retiros, la Escuela Hogar ha recibido en 18 ocasiones al Senda. Con un ambiente más amplio y confortable, aunque con las limitaciones propias de un establecimiento educativo, ha brindado también su hospitalidad al retiro y contribuido a su continuidad. Finalmente, en 2008, una nueva estación surgió: El Colegio Fray Mamerto Esquiú. Otra escala, una nueva realidad que, es auspicioso pensar, pudiera ser la definitiva. Está condición nómada o ambulante del Senda, marca también su sello: el de ser un retiro que busca llevar a Cristo allí donde se lo necesita, y que a través de sus distintas estaciones se ha ido acrisolando. Huelga decir que en cada una de ellas ha forjado a fuego su realidad.
La existencia de un asesor espiritual propio fue en esta etapa invalorable. Al Padre Raúl, ya citado, le cupo esa misión durante toda esta primera parte. Baste decir, para tener una idea cabal del tema, que de los 30 primeros sendas realizados (toda esta etapa), participó en 26, los cuatro primeros como viceasesor. Esta cifra se magnifica si agregamos que durante casí dos años, su asiento como vicario fue Rodeo, en Iglesia, desde donde viajaba para participar de los retiros. En una ocasión incluso se vino con el vehículo sin parabrisas. Tramitó también la posibilidad de incorporar un viceasesor a la Comisión, por los problemas de distancia que él tenía, pero finalmente esta posibilidad no cristalizó. Si bien por su carisma y experiencia en el tema, generó a veces superposiciones con los responsables de los retiros, no cabe duda que sin su presencia esta etapa no habría sido la misma, y es muy probable que el Senda no hubiese tenido la continuidad que finalmente tuvo.
El final de la etapa de la Comisión se fue decantando por propio peso. El correr de los años sin variantes significativas en la realidad del retiro; el puñado de voluntades que soportaba sobre si toda la estructura de los cuatro retiros anuales; la falta de respaldo que el grupo percibía de sus pares del Movimiento; las dificultades y obstáculos fueron debilitando a la Comisión y desembocaron en la decisión de renunciar a fines del 2000, con cambio de obispo incluido. Un detalle de muestra es el hecho de que el Senda en aquel tiempo no tenía misas previas para pedir por el mismo. Había un divorcio de hecho con el resto del Movimiento, que a la larga aceleró el desenlace.
El año 2000, final del Milenio, nos encontró con apenas dos retiros a realizarse en la Escuela Hogar, por la imposibilidad de fechas en Betania y la Comisión con crecientes dificultades para mantener el grupo por las realidades de sus integrantes. El senda 29 se realizó como estaba previsto. Pero el Senda 30, que ya sabíamos sería el último de la Comisión, -porque la decisión de disolverse se había tomado con anticipación aunque se formalizo luego-, empezó a sumar dificultades. Le fecha previamente autorizada por el Ministerio, junto con la anterior, fue verbalmente desestimada por las mismas autoridades. Pero como había un aval por escrito del ministro se optó por insistir y hacerlo valer. Sobre el final de la preparación, una semana antes, el rector anuncia su imposibilidad de asistir por razones laborales, con lo cual quien esto escribe, a la sazón vicerrector (por primera vez), debía asumir la responsabilidad. El tema del lugar seguía tal cual. Hubiese sido más fácil y práctico para todos suspenderlo. Pero nunca se contemplo seriamente esa posibilidad. No se había suspendido ningún retiro antes y no era ese el momento. Era el mediodía del viernes en que entraba el retiro y desde las más altas esferas del Ministerio se reiteró la negativa. Un urgente llamado al padre Raúl, que por entonces estaba en la parroquia de Concepción, y una visita relámpago al Camping de Don Bosco, permitió salir a flote y confirmarlo allí, aunque compartido con otras actividades que el Camping tenía ese fin de semana. El Espíritu de Dios nos acompañaba. Hubo tiempo apenas de avisar a los equipos. Los peregrinos estaban citados a la Escuela Hogar, donde fue la concentración y desde allí se organizó el traslado hasta el Camping en las movilidades disponibles. El inicio como es lógico se demoró, pero el Senda 30 estaba en marcha y se desarrolló, no sin dificultades internas. Fue un Senda más que accidentado desde todo punto de vista, pero su destino era realizarse. En la evaluación final del equipo, en la siesta del domingo, hubo rostros muy emocionados y lágrimas en varios ojos, entre ellos en los del asesor, porque el ya había anticipado que era el fin de su ciclo con el Senda, como también del nuestro, en la Comisión. Varios mensajeros se enteraron allí de esta realidad. Un final triste, porque más allá de nuestra fe y esperanza, ignorábamos si habría un después, pero era el final digno por el que habíamos luchado. Era el 17 de septiembre de 2000, septimo aniversario del primer Senda.
El Senda completaba en ese lapso de siete años, 30 retiros realizados, y más de 700 peregrinos en su seno. Una hermosa siembra con la tranquilidad de haber llevado noblemente la misión encomendada, pero con la tristeza enorme de no avizorar una continuidad. Sólo Dios tenía la respuesta.
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